
Hay momentos en el trabajo de conservación en los que algo extraordinario comienza a tomar forma—no en el bosque, sino mucho más allá de él.
En marzo de 2024, Tierra Selva emprendió una iniciativa ambiciosa y profundamente significativa: llevar las voces, imágenes y el espíritu de la Amazonía peruana hasta Ulaanbaatar. El resultado sería “Reflejos de la Selva: Arte y Defensa de la Amazonía del Perú”, la primera exhibición de este tipo en Mongolia.
La preparación fue tanto logística como emocional.
Se seleccionaron cuidadosamente pinturas de artistas amazónicos provenientes de Lamas, Tarapoto y Pucallpa—cada obra cargada de historias sobre biodiversidad, conocimiento ancestral y cambio ambiental. Junto a ellas, una serie fotográfica de Rena Guenduez documentó las realidades vividas en la selva: su belleza, su fragilidad y su resiliencia.
No se trataba simplemente de trasladar arte—se trataba de movilizar perspectivas.
La colaboración curatorial entre Tierra Selva y socios en Mongolia, incluyendo a Sunderiya Erdenesaikhan y Gantugs Baatar, implicó un diálogo cuidadoso. ¿Cómo se traduce la Amazonía—no solo visualmente, sino también espiritualmente—para una audiencia con poco contacto previo con esta región?
Cada detalle fue importante:
- La narrativa del recorrido expositivo
- El equilibrio entre belleza y urgencia
- La inclusión de voces juveniles y regionales
- La forma de presentar el cambio climático como un fenómeno global y profundamente local
En esencia, el montaje se convirtió en algo más que una preparación. Fue un encuentro entre mundos—amazónico y mongol—unidos por preocupaciones compartidas sobre la tierra, la identidad y la supervivencia.
Gracias Norphei Gallery y Sunderiya Erdenesaikhan y Gantugs Baatar!
